El cristiano y las artes

Jimmy Williams


Introducción

¿Hay un lugar legítimo para la apreciación del arte y de la belleza en nuestra vida? ¿Cuál es la relación entre la cultura y nuestra vida espiritual? ¿Acaso el arte y el desarrollo de los gustos estéticos no son una pérdida de tiempo a la luz de la eternidad? Estas son preguntas que los cristianos suelen hacer acerca de las bellas artes.

Lamentablemente, las respuestas que solemos escuchar a este tipo de preguntas sugieren que el cristianismo puede funcionar bastante bien sin una dimensión estética. En el corazón de esta mentalidad está la afirmación clásica de Tertuliano (160-220 d.C.): "¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén, la Academia con la Iglesia? No necesitamos curiosidad desde Jesucristo, ni de averiguación después del evangelio".

Esta osada afirmación ha llevado a muchos a sostener que la vida espiritual es esencial, pero la cultural es irrelevante. Y hoy, gran parte de la comunidad cristiana parece inclinada a enfocar la estética de la misma forma precipitada y superficial que vivimos la mayor parte de nuestra vida. Esta actitud quedó expresada vívidamente en una tira cómica que mostraba a un estadounidense que entra corriendo al Louvre, en París. El texto decía: "¿Dónde está la Mona Lisa? ¡Estoy estacionado en doble fila!".

El arte y la estética

¿Qué es la estética? Comencemos por una definición. La estética es "la filosofía de la belleza y el arte. Estudia la naturaleza de la belleza y las leyes que gobiernan su expresión -como en las bellas artes- así como los principios de la crítica del arte". {1} Formalmente, la estética queda así incluida en el estudio de la filosofía. Las consideraciones éticas para determinar lo "bueno" y lo "malo" incluyen la dimensión estética.

Por lo tanto, la belleza puede ser contemplada, definida y comprendida por sí misma. Este proceso crítico permite explicar por qué algunos artistas, autores y compositores son grandes, algunos son simplemente buenos, y otros no valen la pena. La estética, por lo tanto,

". . . busca resolver el problema de la belleza según una base universal. De tener éxito, nos daría hoy una explicación de la calidad que comparten los templos griegos, las catedrales góticas, los cuadros del Renacimiento y todo el buen arte, de cualquier lugar o tiempo". {2}

En el corazón de la estética, entonces, está la creatividad humana y sus diversas expresiones culturales. H. Richard Neibuhr la ha definido como "la obra de la mente y las manos de los hombres". Mientras que la naturaleza (el regalo de Dios) provee la materia prima para la expresión humana, la cultura es lo que el hombre produce en su entorno terrenal. "Incluye la totalidad y el patrón de vida: idioma, religión, literatura (si existe), máquinas e invenciones, artes y oficios, arquitectura y decoración, vestimenta, leyes, costumbres, estructuras de matrimonio y familiares, gobierno e institucione}s, además de las formas de pensar y actuar peculiares y características".{3}

El gusto estético está entrelazado en todo el tejido cultural de una sociedad y, por lo tanto, no puede ser ignorado. Así que es ineludible, para la sociedad y para el individuo. La creatividad humana se expresará inevitablemente, y los resultados (obras de arte) nos dirán algo acerca de sus creadores y la sociedad de donde vinieron. "A través del arte, podemos conocer la visión del universo de otra persona".{4}

"Como tales, las obras de arte suelen ser más precisas que toda otra indicación acerca del estado de los asuntos en algún momento remoto pero crucial en el progreso de la humanidad . . . Mediante el estudio de las artes visuales de cualquier sociedad, generalmente podemos darnos cuenta para qué vivieron las personas y por qué cosas estarían dispuestas a morir".{5}

El término arte puede significar muchas cosas distintas. En el sentido más amplio, todo lo que crea el hombre es arte, y todo lo demás es naturaleza, creada por Dios. Sin embargo, la palabra "arte" suele denotar cosas buenas y hermosas creadas por la humanidad (nota: un importante punto de debate en el campo de la estética se centra alrededor de la definición de estos dos términos). Aun las artes y oficios, como la carpintería y el trabajo en metales, han sido consideradas por muchos como artes.

Si bien las obras de artesanos de tiempos más antiguos han llegado a ser consideradas como bellas artes, el término las artes, sin embargo, tiene un campo más estrecho en este bosquejo. Aquí nos interesan especialmente aquellas actividades de la humanidad que están motivadas por el impulso creativo, que van más allá de la utilidad material en su propósito, y que expresan la singularidad de ser humano. Este uso más limitado de la palabra "arte" incluye la música, la danza, la pintura, la arquitectura, el teatro y la literatura. Las bellas artes es el estudio de aquellas actividades y actos humanos que producen y son considerados obras de arte.

Entonces, la estética es el estudio de las respuestas humanas a cosas que se consideran hermosas y significativas. Las artes es el estudio de las acciones humanas que intentan despertar una experiencia estética en otros. Una puesta de sol en las montañas podrá evocar una respuesta estética, pero no es considerada una pieza de arte, porque es naturaleza. Una fila de postes telefónicos que sostienen líneas de transmisión podrá tener una apariencia hermosa, pero no es arte, porque no fue creada con un propósito artístico en mente. Sin embargo, debe notarse que aun aquellas cosas hechas originalmente con propósitos no artísticos pueden y han llegado a ser considerados como objetos artísticos (ej: antigüedades).

Si bien el arte puede tener el resultado secundario de permitir al artista ganarse la vida, siempre tiene como propósito principal la expresión creativa de experiencias y deseos humanos descriptibles e indescriptibles. El propósito del artista es crear un tipo especial de honestidad y franqueza que surge del alma y que espera que otros entiendan en su ser interior.

La estética y la Biblia

¿Qué tiene que decir la Biblia acerca de las artes? Felizmente, la Biblia no pide a los cristianos que ridiculicen o desprecien las artes. De hecho, las artes son imprescindibles cuando se consideran desde la perspectiva bíblica. En el corazón de esto está el mandato general de que todo lo que hagamos debe ser hecho para la gloria de Dios. Debemos ofrecerle lo mejor que tenemos; intelectualmente, artísticamente y espiritualmente.

Además, en el centro mismo del cristianismo está la Encarnación ("el Verbo hecho carne"), un suceso que identificó a Dios con el mundo físico y que le dio dignidad. Un hombre verdadero murió en una cruz verdadera, y fue puesto en una tumba verdadera, dura como una piedra. Las ideas griegas de "pertenencia a otro mundo" que fomentaron una visión distorsionada y degradada de la naturaleza (y, por lo tanto, de la estética) no encuentran lugar en el cristianismo bíblico. La dicotomía entre lo sagrado y lo secular es, por lo tanto, ajena a la fe bíblica. La afirmación de Pablo: "Para los puros todo es puro" (Tito 1:15) incluye las artes. Si bien podemos reconocer que la creatividad humana, como todos los demás dones que Dios nos ha otorgado, puede ser usada indebidamente, no hay nada inherentemente más pecaminoso en las artes que en las demás áreas de la actividad humana.

El Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento está lleno de ejemplos que confirman la dimensión estética. En Éxodo 20:4, 5 y Levítico 26:1, Dios deja en claro que Él no prohíbe la realización del arte, sino solo la adoración del arte. Considere el uso de estos vehículos de expresión artística que se encuentran en distintas partes:

Arquitectura. A Dios le interesa la arquitectura. De hecho, Éxodo 25 muestra que Dios estipuló la arquitectura hermosa, junto con otras formas de arte (trabajo en metal, diseño de indumentaria, tapicería, etc.), en la construcción del tabernáculo. Se dan instrucciones similares para el templo que fue construido más adelante por el rey Salomón. Aquí encontramos algo único en la historia: ¡obras de arte diseñadas y concebidas por el Dios infinito, transmitidas luego a sus aprendices humanos y ejecutados por ellos!

Aparentemente, Él se complace en los colores, las texturas y las formas (vemos esto desplegado vívidamente en la naturaleza). El punto es que Dios no indicó a los hombres que construyeran un lugar utilitario donde su pueblo escogido pudiera adorarlo. En palabras de Francis Schaeffer: "Dios simplemente quería belleza en su templo. Dios está interesado en la belleza".{6} Y, en Éxodo 31, Dios llega a nombrar los artistas que Él quiere que creen esta belleza, invistiéndolos de su artesanía para la gloria de Él.

La poesía es otra evidencia del amor de Dios por la belleza. Gran parte del Antiguo Testamento es poesía y, dado que Dios inspiró las palabras mismas de la Biblia, sigue lógicamente que Él inspiró la forma poética en esos pasajes. David, un hombre según el corazón de Dios, compuso muchas poesías de alabanza a Dios mientras estaba bajo la inspiración del Espíritu Santo. Entre los libros poéticos más destacados se encuentran: Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. La poesía es también un elemento significativo en los profetas y en Job.

El género de la poesía varía de acuerdo con la intención de cada autor. Por ejemplo, Cantar de los Cantares es, ante todo, un poema de amor que describe la belleza y la gloria del amor romántico y humano entre un hombre y su pareja. Está escrito en forma de idilio lírico, un recurso literario popular en el antiguo Cercano Oriente. El hecho de que esta historia sea interpretada a menudo simbólicamente para reflejar el amor entre Cristo y su Iglesia, o entre Jehová e Israel, no debilita la celebración de amor físico registrado en el poema, ni destruye su forma literaria.

El teatro fue usado también en la Biblia por orden de Dios. El Señor dijo a Ezequiel que tomara un ladrillo y dibujara una representación de Jerusalén sobre él. Luego Ezequiel "representó" un sitio de la ciudad como una advertencia al pueblo. Tuvo que profetizar contra la casa de Israel mientras estaba acostado sobre su lado izquierdo. Esto ocurrió durante 390 días. Luego tuvo que acostarse sobre su lado derecho, y llevó a cabo esta actuación por orden expresa de Dios para enseñar una lección al pueblo (Ezequiel 4:1-6). El elemento teatral es vívido en gran parte del ministerio de Cristo también. Cuando maldijo la higuera, cuando escribió en la tierra con su dedo, cuando lavó los pies de los discípulos, realizó acciones teatrales que realzaron su palabra hablada.

La música y la danza se encuentran a menudo en la Biblia en el contexto del regocijo ante Dios. En Éxodo 15, los hijos de Israel celebran la victoria de Dios en el Mar Rojo sobre los egipcios con cantos, danzas y tocando instrumentos. En 1 Crónicas 23:5, encontramos músicos en el templo, y sus instrumentos fueron hechos específicamente por el rey David para alabar a Dios. 2 Crónicas 29:25, 26 dice que la orden de David de tener música en el templo era de Dios: "Este mandato lo dio el Señor por medio de sus profetas". Y no debemos olvidar que toda la poesía lírica de los salmos fue hecha inicialmente para ser cantada.

El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento abunda también en evidencias que acentúan la importancia de lo artístico. El ejemplo más obvio es Jesús mismo. Ante todo, Él era de profesión carpintero, un hábil artesano (Marcos 6:3). Segundo, encontramos en Jesús una persona a la que le gustaba la vida al aire libre y prestaba mucha atención a su entorno. Sus enseñanzas están llenas de ejemplos que revelan su sensibilidad a la belleza que lo rodeaba: el zorro, el nido del pájaro, el lirio, el gorrión y la paloma, el cielo brillante, una caña cascada, una vid, una semilla de mostaza. Jesús era, también, un gran cuentista. Usaba de buena gana el entorno de su propia cultura para impartir su mensaje, a veces bastante dramáticamente. Muchas de las parábolas eran historias ficticias, pero igualmente fueron usadas como vehículos de comunicación para enseñar verdades espirituales. Y ciertamente la parábola de los talentos de Mateo 25 incluye los dones artísticos.

El apóstol Pablo también alude a la estética en Filipenses 4:8 cuando exhorta a los creyentes a meditar y reflexionar sobre todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Además se nos dice en Apocalipsis 15:2, 3 que habrá expresiones artísticas en el cielo. ¡Así que las artes tienen un lugar tanto en la esfera terrenal como en la celestial!

También debemos recordar que toda la Biblia es no solo revelación sino que es una obra de arte en sí misma. De hecho, contiene varias obras de arte, una verdadera biblioteca de gran literatura. Ya hemos mencionado la poesía, pero la Biblia incluye otras formas literarias también. Por ejemplo, grandes porciones de ella son narrativas en su estilo. La mayor parte del Antiguo Testamento es narración histórica o narración profética. Y los Evangelios (que relata el nacimiento, vida, enseñanzas, muerte y resurrección de Cristo), son narración biográfica. Aun las cartas personales de Pablo y los demás autores del Nuevo Testamento pueden ser consideradas muy apropiadamente literatura epistolar.

La estética y la naturaleza

La Biblia deja muy en claro que un volumen compañero, el Libro de la Naturaleza, tiene una distintiva dimensión estética. Cascadas torrenciales, montañas majestuosas y puestas de sol esplendentes evocan rutinariamente la respuesta humana estética tan fácilmente como una sinfonía vibrante o un cuadro fascinante. La trama misma del universo expresa la presencia de Dios con belleza y grandiosidad majestuosas. El salmo 19:1 dice: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos". De hecho, la naturaleza ha sido llamada "la estética del Infinito".

La brillante fotografía del siglo XX ha revelado las profundidades ilimitadas de la belleza en la naturaleza. A través del telescopio o el microscopio, uno puede dedicar una vida al estudio de alguna parte del universo, sea la piel, el ojo, el mar, la flora y fauna, las estrellas o el clima.

Y, dado que la creación de Dios es multidimensional, una manzana, por ejemplo, puede ser vista de diferentes formas. Puede ser considerada económicamente (cuánto cuesta), nutritivamente (su valor como alimento), químicamente (de qué está hecho) o físicamente (su forma). Pero también puede ser examinada estéticamente: su sabor, color, textura, olor, tamaño y forma. Toda la naturaleza puede ser apreciada por sus cualidades estéticas, que encuentran su origen en Dios, su Creador.

Creatividad humana

Donde haya cultura humana, se encuentra una expresión artística de alguna forma. La pintura sobre la pared de una antigua caverna, una catedral medieval o una producción teatral moderna, son todas expresiones de la creatividad humana, dada por Dios, el Creador.

El hombre a la imagen de Dios

En Génesis 1:26, 27, por ejemplo, leemos: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree . . . en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (itálicas mías).

Luego de crear al hombre, Dios le dijo que sojuzgara y gobernara la tierra. Adán debía cultivar y cuidar un huerto (Génesis 2:15), que fue descrito por Dios como "bueno en gran manera" (Génesis 1:31). La implicación de esto es muy importante. Dios, el Creador, un amante de la belleza en su mundo creado, invitó a Adán, una de sus criaturas, a compartir el proceso de la "creación" con Él. Permitió a los humanos tomar elementos de su cosmos y crear nuevos arreglos con ellos. Tal vez esto explique por qué la creación de algo nos da tanta satisfacción. Podemos expresar un impulso dentro de nosotros que nos permite hacer algo que todos los humanos comparten de forma única con su Creador.

Así que Dios ha ubicado a la raza humana a la mesa de un banquete lleno de manjares estéticos. Ha provisto los ingredientes básicos, invitando a quienes han sido hechos a su imagen a ejercer sus capacidades creativas en la mayor medida posible. Tenemos el privilegio, como ninguna otra criatura, de hacer arte y disfrutar del arte.

Debe notarse, además, que el arte de todo tipo está restringido a una práctica distintivamente humana. Ningún animal practica el arte. Es cierto que se forman y se observan patrones instintivamente o accidentalmente hermosos en toda la naturaleza. Pero la tela de araña, el panal de abeja, el arrecife de coral no son intentos conscientes de los animales por expresar sus inclinaciones estéticas. Para el cristiano, sin embargo, sin duda representan los esfuerzos de Dios por expresarse. A diferencia de los animales, el hombre crea conscientemente. Francis Schaeffer ha dicho del hombre:

"Una obra de arte tiene valor como una creación porque el hombre está hecho a la imagen de Dios y, por lo tanto, el hombre no solo puede amar, pensar y sentir emociones, sino tiene además la capacidad de crear. Al tener la imagen del Creador, somos llamados a tener creatividad. Nunca encontramos un animal -un no hombre- haciendo una obra de arte. Por otra parte, nunca encontramos hombres en ninguna parte del mundo o en ninguna cultura del mundo que no produzcan arte. La creatividad es una parte de la distinción entre el hombre y el no hombre. Todas las personas son creativas en alguna medida. La creatividad es intrínseca a nuestra condición humana". {7}

La caída del hombre

Sin embargo, esto tiene su lado oscuro, porque el pecado entró y afectó toda la vida humana. Ha surgido una naturaleza torcida y distorsionada, que contamina cada campo del esfuerzo o expresión humanos y constantemente arruina todos los resultados. La verdad desafortunada es que la creatividad otorgada divinamente siempre estará acompañada, en esta vida terrenal, por la realidad y la presencia del pecado, expresadas a través de una raza caída. El hombre es el Sr. Jekyll y el Sr. Hyde: noble portador de una imagen y animal moralmente lisiado. Sus obras de arte son, por lo tanto, agridulces. Calvino reconoció esta tensión, cuando dijo:

"La mente humana, por más caída y pervertida que se encuentre desde su integridad original, sigue estando adornada e investida de dones admirables de su creador. Si reflexionamos que el Espíritu de Dios es el único fundamento de la verdad, nos cuidaremos -así como evitaríamos ofrecerle insultos- de rechazar o condenar la verdad dondequiera aparezca. Al despreciar los dones, insultamos al Dador". {8}

La comprensión de esta dicotomía permite que los cristianos aprecien genuinamente algo de la contribución de cada artista, compositor o autor. Dios es soberano y dispensa talentos artísticos a quien Él quiere. Si bien la Biblia nos impide emular ciertos estilos de vida de artistas o condonar algunas de sus perspectivas ideológicas, no obstante podemos admirar y apreciar su talento, que encuentra su origen en última instancia en Dios. Esto debería y puede hacerse sin transigir y sin dudar.

El hecho es que, si Dios puede hablar a través de una zarza ardiente o el asno de Balaam, ¡Él puede hablar a través de un artista hedonista! La cuestión nunca puede ser la dignidad del vehículo, sino "¿Se ha expresado la verdad?". La verdad de Dios sigue sonando hoy; desde la Biblia, desde la naturaleza, y aun desde la humanidad caída.

Gracias a la Caída, la belleza absoluta en el mundo ha desaparecido. Pero la participación en la dimensión estética nos recuerda la belleza que existió alguna vez, y anticipa su lustre futuro. Con tanta belleza hoy que nos puede dejar sin aliento, aun en este mundo irredento, ¡solo podemos especular lo que tenemos por delante quienes lo amamos a Él!

Las características del buen arte

Ahora nos abocamos a la cuestión de los ingredientes importantes de las diversas formas de arte.

Primero, la verdad artística incluye no solo lo tangible, sino también el mundo de lo imaginativo, lo intangible. Por lo tanto, el arte podrá incluir o no lo cognitivo, lo objetivo. Una persona preguntó a una bailarina rusa que había terminado una danza interpretativa: "¿Qué significó? ¿Qué estaba tratando de decir?". La bailarina respondió: "Si lo pudiera haber dicho, ¡no lo hubiera bailado!". Hay, entonces, una comunicación de verdad en el arte que es real, pero que tal vez no pueda ser reducido o expresado nítidamente en palabras.

El arte de calidad siempre va aunado también con la dura disciplina de la práctica continua. Los grandes artistas son aquellos que, cuando son observados en la práctica de su arte, parecen estar haciendo algo simple y sin esfuerzo. Lo que no es visible son las arduas y largas horas de práctica constante que precedieron esa espontaneidad y destreza artística.

Todo arte tiene un valor intrínseco. No necesita hacer algo para tener algún valor. Una vez creado, ya ha "hecho" algo. No tiene que ser un medio para un fin, ni tener beneficio utilitario alguno. Aun el arte malo tiene algún valor porque, como obra creativa, sigue estando vinculado a Dios mismo, la Fuente de toda creatividad. El proceso creativo, no importa cómo se exprese, es bueno porque está vinculado al Imago Dei, y muestra que el hombre, único entre las criaturas de Dios, tiene este don. Esto es cierto aun cuando los resultados del don creativo (obras de arte específicas) puedan ser estéticamente malos o presenten al observador contenidos malsanos y situaciones comprometedoras.

Pero hacemos bien en recordarnos, en este punto, que Dios no censura todas las cosas en la Biblia que son malas o inmorales. Él "cuenta las cosas tal cual son", ¡incluyendo algunos asuntos bastante detallados y sórdidos! El cristiano discriminador, por lo tanto, debe desarrollar la capacidad para distinguir la mala estética y las afirmaciones artísticas inmorales de la verdadera creatividad y artesanía, desechando y repudiando los primeros mientras aprecia y disfruta plenamente de los últimos. Los cristianos, por sobre todos los demás, poseen el marco adecuado para comprender y apreciar todo arte en la perspectiva correcta. Es una pena que muchos se han privado tan severamente de las artes, de tanto que podrían disfrutar bajo la bendición y la gracia de Dios.

La expresión artística siempre hace una afirmación. Esta podrá ser expresada explícitamente o implícitamente. Algunos artistas reconocen explícitamente que su intención es decir algo, transmitir un mensaje. Otros artistas se resisten, o aun niegan que estén haciendo una afirmación. Pero, conscientemente o no, siempre se está haciendo una afirmación, porque cada artista está involucrado subjetivamente y está influido profundamente por su experiencia cultural. Conscientemente o inconscientemente, el entorno cultural permea cada contribución artística, y cada obra nos dice algo acerca del artista y de su era.

Una tendencia desafortunada en años recientes ha sido el crecimiento de la cantidad de artistas que reconocen que su deseo primario es decir algo. El arte no se ve beneficiado por un énfasis excesivo en hacer una afirmación. Los gigantescos y destacados murales en países comunistas eran indudablemente útiles políticamente, pero probablemente no contribuyeron mucho estéticamente. Hasta hay arte cristiano que cae en esta trampa. Centrado en declaraciones, moralidad y piedad, suele quedarse corto artísticamente (si bien es ofrecido sinceramente y es teológicamente sólido), porque es realizado con mala calidad y mal gusto. Poesía y propaganda no son lo mismo, desde el comunista al fanático cristiano.

Otra característica de las declaraciones modernas es la obsesión con el yo. Dado que el mundo tiene poco significado para muchos modernos, el repliegue narcisista hacia el yo es todo lo que queda por expresarse. Por lo tanto, el público se ve confrontado hoy con muchos artistas que retratan sus propios divagues psicológicos y espirituales personales. En el arte de este tipo, el subjetivismo extremo es considerado una virtud más que un vicio. La afirmación (sumamente personal) abruma el arte. Muchas de estas afirmaciones parecen sugerir un grito desesperado en busca de ayuda, de significado, de amor. En este tipo de arte los sentimientos son agobiantes, las expresiones confesionales traen alivio personal, pero se dedica poco esfuerzo o pensamiento al dominio riguroso y necesario de la técnica y la forma. ¡Tal vez por eso hay tanto exceso de arte mediocre hoy! Simplemente no lleva tanto tiempo producirlo.

Pero piense en los artistas de siglos anteriores, quienes nunca siquiera firmaban sus obras. Esto no era porque les avergonzaba. Simplemente vivían en una cultura donde el arte era más importante que el artista. Hoy estamos más maravillados por el artista o el ejecutante virtuoso que por el arte expresado. Gran parte de las obras anteriores eran dedicadas a Dios; las nuestras están dedicadas mayormente a la celebración del artista. El crítico Chad Walsh alude a una excepción moderna en los escritos de C. S. Lewis, donde dice que su libro Mero cristianismo "se trasciende a sí mismo y a su autor . . . es como si toda la escritura brillante está diseñada para crear claras ventanas de percepción, para que el lector mire a través del lenguaje y no al lenguaje".{9} El gran arte posee esta durabilidad trascendente.

Las formas y los estilos artísticos están constantemente cambiando a través de influencias culturales. El error habitual de muchos cristianos hoy es considerar que una forma es "piadosa" y otra, "impía". Muchos descartarían el cubismo de Duchamp o el surrealismo de Dalí como carentes de valor, mientras aceptan como inspirado todo lo que provino del pincel de Rembrandt. Esta actitud no revela más que los gustos personales de la persona que evalúa.

La forma y el estilo deben ser considerados en su contexto histórico y cultural. Un occidental se encontraría en figurillas, si no está completamente familiarizado con la música de Japón, para distinguir entre un devoto himno budista, una canción de amor sensual, una melodía patriótica, aun cuando las escuche en una rápida secuencia. Pero cualquier japonés lo podría hacer, por su familiaridad con su propia cultura.

El sentido estético, por lo tanto, está sumamente condicionado por la experiencia cultural personal. Así como cada niño nace con la capacidad de aprender un idioma, de la misma forma cada uno de nosotros nace con una sensibilidad estética que está influenciada por la cultura que nos rodea. Juzgar el arte o la música de Japón como inferior al arte o a la música estadounidense tiene tan poco sentido como sugerir que el idioma japonés es inferior al idioma inglés. ¡La diferencia o la distancia no implican inferioridad!

La verdad puede ser expresada por no creyentes, y el error puede ser expresado por creyentes. Cuando Pablo hizo su famoso discurso en el areópago de Atenas, citó a un poeta pagano (Hechos 17:28) para comunicar una verdad bíblica. En este caso, Pablo usó una fuente secular para comunicar una verdad bíblica, porque la declaración afirmaba la verdad de la revelación. Por otra parte, el error puede ser comunicado en un contexto bíblico. Por ejemplo, en Éxodo 32:2-4, vemos a Aarón fabricando un becerro de oro para que los hijos de Israel lo adoren. Este fue un uso erróneo del arte, porque desobedecía directamente la orden de Dios de no adorar ninguna imagen.

Cómo evaluar el arte

¿Cómo debería un cristiano aproximarse al arte a fin de evaluarlo? ¿Está la belleza simplemente "en el ojo del observador"? ¿O hay pautas de la Biblia que brindan un marco para la evaluación y el disfrute del arte?

Anteriormente mencionamos una declaración de Pablo en Filipenses 4. Si bien el contexto bíblico de este pasaje va más allá de la estética, en este pasaje (y a modo de aplicación) se nos da, de una forma categórica, algunos criterios necesarios para el análisis artístico. Cada concepto que Pablo menciona en el versículo 8 puede ser usado como una especie de "llave" para destrabar la significación del arte que encontramos y apreciarlo auténticamente.

Verdad. Probablemente no sea casual que Pablo comience por la verdad. Obviamente, no toda obra de arte contiene una afirmación de verdad. Pero, cada vez que se hace una afirmación de este tipo, y en la medida que se haga, el cristiano se ve obligado a preguntar: "¿Es esto realmente verdadero? ¿Opera la vida realmente de esta forma, a la luz de la revelación de Dios?". Y los cristianos deben recordar que la verdad implica enfrentar sinceramente los aspectos negativos así como los positivos de la realidad. El contenido negativo tiene su lugar, aun en un enfoque cristiano del arte. Pero la esperanza cristiana nos permite ver estas obras desde otra perspectiva. Nos apenamos, pero no como los que no tienen ninguna esperanza. Nuestra pena es de expectación y triunfo finales; hay otra pena que es de pesimismo y desesperación total.

Honra. Una segunda clave estética tiene que ver con el concepto de honra y dignidad. Esto puede relacionarse con lo que se dijo anteriormente acerca de la naturaleza del hombre, creado a la imagen de Dios. Esto brinda una base, por ejemplo, para rechazar la afirmación hecha en la obra total de la vida de Francis Bacon (fallecido en 1993). En muchos de sus cuadros, este artista británico contemporáneo nos presenta humanos solitarios y decadentes sobre enormes y deprimentes lienzos. El deterioro y la desesperanza son las marcas distintivas de su expresión artística. Pero, si el cristianismo es verdadero, estas son descripciones erróneas del hombre. Son medias verdades. Dejan de lado por completo una dimensión que tiene que ver con él realmente. Creado a la imagen de Dios, tiene honra y dignidad, aun cuando reconozcamos que está en proceso de morir, envejecer y consumirse. El cristiano es el único capaz de realmente comprender lo que falta en la obra de Bacon. Sin una base cristiana, tendríamos que mirar los cuadros y admitir el "verdadero" destino del hombre -es decir, la extinción-, junto con el resto del cosmos. Pero, como cristianos, podemos y debemos resistir este mensaje, porque es una mentira. El evangelio da verdadera esperanza, a individuos y a la historia. Esto es lo que falta en la obra de Bacon, y es el resultado directo de su cosmovisión distorsionada.

Justo. La tercera clave para la comprensión estética tiene que ver con la dimensión moral. No todo arte hace una afirmación moral. Una sinfonía de Haydn no la hace, ni un retrato de Rendir. Pero donde sí se hace una afirmación, los cristianos deben tratarla y no ignorarla. Haremos bien en recordar también que hay también afirmaciones morales que pueden ser expresadas a menudo poderosamente de formas negativas. El cuadro Guernica, de Picasso, viene a la mente. Él protestaba por el bombardeo de los alemanes de un pueblo de ese nombre justo antes de la Segunda Guerra Mundial. La protesta por la injusticia es un clamor por justicia. Solo es cristiano es consciente y está seguro de dónde puede ser hallada en última instancia.

Puro. Esta cuarta clave también hace referencia a la moral, al contrastar lo que es inocente, casto y puro de lo que es sórdido, impuro y mundano. Una aplicación precisa del principio ayudará a distinguir a uno del otro. Por ejemplo, no hace falta ser un crítico de teatro profesional para reconocer y apreciar el amor fresco y puro de Romeo y Julieta, ni para distinguirlo de las andanzas eróticas de un Tom Jones. La misma dinámica opera al comparar desnudos griegos con las láminas centrales de Playboy. Unos son elevados, las otras, baratas. La diferencia está en este concepto de la pureza. Permite a un cristiano mirar dos desnudos y designar muy adecuadamente a uno como "arte" y al otro, "pornografía". Al tener la mente de Cristo, tenemos el equipamiento para identificar con precisión la pureza y la impureza.

Agradable. Si bien los cuatro primeros conceptos han tratado con facetas de las afirmaciones artísticas, el quinto se centra en la belleza estética pura. "Todo lo agradable" (Dios Habla Hoy - Reina Valera: "Todo lo amable"), dice Pablo. Un paisaje no hace ninguna afirmación moral, pero puede exhibir una gran belleza. Los diseños geométricos de Mondrian tal vez no digan nada acerca de la justicia, pero definitivamente nos pueden cautivar estéticamente. La inmensidad y la grandeza de una catedral gótica inspiran sobrecogimiento artístico en cualquier corazón sensible, pero tal vez no hagan nada más. De nuevo, el cristiano está equipado para apreciar una amplia gama de medios y expresiones artísticos. Si hay poco para evaluar moralmente y racionalmente, aun estamos libres para apreciar lo que es hermoso en el arte.

De buen nombre. En este concepto, tenemos la oportunidad de evaluar la vida y el carácter del artista. ¿Qué tipo de persona es? Si se está haciendo una afirmación, ¿acaso el artista, compositor o autor cree en esa afirmación? ¿O fue para agradar a un mecenas, un colega o un crítico? ¿Hay discontinuidad entre la afirmación de la obra y la afirmación hecha a través de la vida personal de su creador? Por ejemplo, el Mesías de Handel es una obra maestra musical, ¡pero él no fue ningún santo! Filippo Lippi usó a su propia amante para modelar a María en sus cuadros de la Madonna. El estilo de vida "por debajo de ejemplar" de una persona creativa podrá empañar en algo su contribución artística, pero no la elimina necesaria o completamente. Algo de la imagen de Dios siempre brilla a través del proceso creativo. El cristiano siempre puede dar gloria a Dios por eso, aun cuando una obra de arte tenga poco más a su favor. El arte más grande es verdadero, está expresado hábilmente, es imaginativo y está libre de los complejos emocionales de sus originadores.

Admirable. Este es un término comparativo. Habla de grados, suponiendo que otra cosa no es admirable o excelente. El foco está en la calidad. La calidad puede significar muchas cosas en el mundo del arte, pero una señal segura de ella es la habilidad. La destreza técnica es uno de los ingredientes esenciales que separan a un gran artista del aficionado común. Obviamente, cuanto más uno sabe de la técnica y la habilidad artística, mejor uno puede apreciar si un artista, autor, compositor o ejecutante individual tiene lo que se requiere para producir arte excelente. Muchos cristianos han hecho juicios de valor desafortunados sobre toda clase de arte. Por ignorancia o ingenuidad, una comprensión superficial de la técnica ha sido seguida por un rechazo presumido. Esto ha erigido barreras en vez de puentes construidos hacia la comunidad artística, lo que impide un testimonio vital. Tenemos que sabe qué es gran arte y por qué es considerado como tal.

La excelencia también se encuentra en la durabilidad del arte. El gran arte perdura. Si ha existido varios cientos de años, probablemente tenga algo a su favor. Tiene "poder de permanencia". Los cristianos deben darse cuenta de que parte del arte de este siglo no seguirá estando en el próximo. Gran parte de él saldrá de la escena. Esta es una buena indicación de que no posee gran valor estético; no es excelente.

Alabanza. Aquí nos interesa el impacto o el efecto del arte. ¿Hay algo digno de alabanza? Los garabatos con crayones de un bebé son dignos de alabanza en cierta medida, pero no producen una fuerte respuesta estética. No nos sobrecoge ni nos subyuga. Pero el gran arte tiene poder y es, por lo tanto, una vigorosa herramienta de comunicación. Francis Schaeffer ha mencionado que, cuanto más grande el arte, mayor el impacto. ¿Causa agrado o desagrado? ¿Inspira o deprime? ¿Influye en el pensamiento y el comportamiento? ¿Cambiaría a una persona? ¿Lo cambiaría a usted? He aquí la característica de "espada de dos filos" del arte. Puede elevar una cultura a grandes alturas y puede ayudar a llevar a la ruina a una sociedad. Es el resultado de la cultura, pero también puede influenciar a la cultura.

Conclusión

Pablo refuerza este versículo sustancioso con una indicación final: "En esto pensad". Surgen dos proposiciones muy importantes con las que podemos concluir esta sección. Primero, nos recuerda que el cristianismo prospera en la inteligencia, no en la ignorancia, aun en el mundo estético. Los cristianos necesitan sus mentes cuando se confrontan con las expresiones artísticas de una cultura. Para el existencialista y el nihilista, la mente es un enemigo, pero, para el cristiano, es un amigo. Segundo, vale la pena notar que Pablo haya sugerido un enfoque tan positivo de la vida y, por aplicación, al arte. No nos dice que todas las cosas que son falsas, deshonrosas, injustas, impuras, desagradables, de mala fama, mal hechas y mediocres deben ser el foco de nuestra atención. Aquí, de nuevo, se trasluce la esperanza del enfoque cristiano de la vida en general. Nuestras vidas no son para ser vividas en tono menor. Observamos la desesperanza, pero podemos ver algo más. ¡Dios nos ha hecho más que vencedores!

Las artes, la cultura y el cristiano

Ahora veremos dos áreas de consideración finales en forma de aplicaciones sugeridas de lo que se ha tratado.

Cristo y la cultura

Al comienzo mencionamos que la estética está relacionada con la cultura, porque en la cultura encontramos las expresiones de la creatividad humana. En su excelente libro, A Return to Christian Cultura (Un retorno a la cultura cristiana), Richard Taylor señala que cada uno de nosotros está relacionado con la cultura de dos formas: nos encontramos dentro de un entorno cultural y cada uno posee una cultura personalmente. Es decir, la sociedad tiene ciertos parámetros aceptables a los cuales se supone que los individuos deben conformarse. Cuando uno lo hace, uno es considerado "culto".

A la luz de Romanos 12:2 y otros pasajes bíblicos, el desafío para el cristiano es resistirse a ser "vertido en el molde del mundo" sin sacarse de encima también legítimos intereses estéticos. En el nivel individual, el cristiano debe buscar llevar sus máximos esfuerzos hacia el ". . . desarrollo de la persona -intelectualmente, estéticamente y socialmente- al pleno uso de sus poderes, en compatibilidad con las normas reconocidas de excelencia de su sociedad".{10}

Hablando culturalmente, la misma meta podría ser expresada para el cristiano y el no cristiano por igual, pero el cristiano que quiere reflejar lo mejor en la cultura tiene sus motivos diferentes. Y algunos cristianos pueden mostrar el fruto del Espíritu, pero estar en gran parte desprovistos de sensibilidades culturales y estéticas. Se dice que D. L. Moody "asesinó el idioma del rey (el inglés)", pero fue usado poderosamente por Dios en dos continentes. Esto sugeriría que la sofisticación cultural no es absolutamente necesaria para que Dios use a una persona para propósitos espirituales, pero uno bien podría pensar cuántas oportunidades de ministrar se han perdido porque una persona dio un "paso en falso" cultural. El otro lado de la moneda es que una persona puede haber llegado a la cima de la aprobación cultural y estética pero no tener impacto espiritual alguno en su entorno.

Hay tres palabras importantes a tener en mente al definir la responsabilidad cristiana en cualquier cultura. La primera es cooperación con la cultura. La razón de esta cooperación es que podremos identificarnos con nuestra cultura para que pueda ser influida para Jesucristo. Jesús es un modelo para nosotros en esto. No fue, en general, un anticonformista. Asistió a bodas y funerales, sinagogas y fiestas. No era un judío practicante. Por lo general, hizo las cosas culturalmente aceptables. Cuando no lo hizo, era por claros principios espirituales.

Una segunda palabra es persuasión. La Biblia describe a los cristianos como sal y luz, los elementos penetrantes y purificadores dentro de una cultura. El cristianismo busca tener una influencia santificadora en una cultura, y no ser absorbido por transigir repetidamente.

Un tercer concepto es confrontación. Mediante el uso cuidadoso de la Biblia, los cristianos pueden desafiar y rechazar aquellos elementos y prácticas dentro de una cultura que son incompatibles con la verdad bíblica. Hay ocasiones en que los cristianos deben confrontar a la sociedad. Cosas como la poligamia, la idolatría, la inmoralidad sexual y el racismo deben ser desafiadas frontalmente por los cristianos.

¿Cómo podemos lograr este tipo de impacto? Primero, mediante el desarrollo de elevadas normas personales, culturales y estéticas. Estas incluyen el tacto, la cortesía, la vestimenta y el habla. Al hacer esto, los cristianos deben evitar dos extremos. El primero es la tendencia de intentar "no ser menos que el vecino". Esto se convierte en la "secta de los estirados". Un segundo extremos es reaccionar contra el vecino y unirse a la "secta de los dejados".

Segundo, los cristianos deben emplear toda la vida para proclamar una cosmovisión cristiana. En un siglo dominado por la oscuridad, la desesperanza y la disonancia, los cristianos todavía pueden ofrecer un mensaje y un comportamiento de esperanza. Si ser cristiano es una forma superior de vida, sus beneficios deberían ser aparentes para todos.

Finalmente, los cristianos deberían ser alentados a involucrarse en las artes. Esto puede lograrse, ante todo, aprendiendo a evaluar y apreciar las artes con mayor habilidad. En general, los cristianos pueden involucrarse en las artes en una de tres formas.

Participación en las artes

Una de las profundas esperanzas de este artículo es que pueda infundir en el lector un sano deseo de sumergirse más profundamente en las artes y disfrutar lo que está ahí con la libertad que Cristo ha dado. Podría ser de aliento recordarnos que Pablo vivió en una cultura "no apta para menores" similar a la nuestra. Sin embargo, él y la mayoría de los demás creyentes mantuvieron su equilibrio espiritual en ese tipo de entorno, y fueron usados poderosamente por Dios en su cultura.

Demasiado a menudo hoy los cristianos, como los fariseos de antaño, están buscando eliminar los elementos leprosos que tocan sus vidas. Con un aislamiento creciente, ¡están cada vez más centrados en lo que las enfermedades de la sociedad pueden hacerles a ellos que en cómo ellos pueden afectar a los enfermos! En ninguna parte esto se experimenta más críticamente que en las artes. En general huimos de aquellos contextos que nos perturban. Y hay hoy mucho en las artes que nos perturba, seamos creadores, espectadores (una forma de participación) o ejecutantes.

La fealdad y la decadencia abundan en cada cultura y generación. De esto no podemos huir. Pero Jesús tocó al leproso. Hizo contacto con el enfermo necesitado. Como cristianos, ¡nuestro foco debería ser no lo que el arte nos da sino más bien lo que podemos dar al arte! Por lo tanto, el desarrollo de la imaginación y un análisis sano y amplio aun de las muchas obras contemporáneas negativas es posible cuando se las considera dentro de los amplios temas de la humanidad, la vida y la experiencia de una cosmovisión verdaderamente cristiana. El gran arte es más que un paisaje agradable. La belleza y la verdad incluyen también aspectos terribles y ominosos, como una tormenta o en el océano, o la vida deshecha de una prostituta.

Los cristianos pueden experimentar las artes también como participantes y ejecutantes. Si cada persona es creada a la imagen de Dios, existe alguna creatividad para ser expresada personalmente en cada uno de nosotros. Aprenda qué talentos artísticos tiene usted. Descubra cómo puede expresar de la mejor forma su creatividad, y luego hágalo. Aprenda a tocar un instrumento, escriba alguna poesía. Participe en una producción teatral. Su cristianismo no le significará menos, sino más, si lo hace.

Una tercera área que suele pasarse por alto debe ser mencionada también. Me refiero a los cristianos con grandes talentos y dones entre nosotros a los que se les debe alentar a considerar a las artes como una carrera. Una influencia cristiana en las artes se necesita mucho hoy, y las cosas no mejorarán en tanto y en cuanto los cristianos se conforman con dejar que el grueso de la producción artística fluya de quienes no tienen ninguna relación personal con Aquel que les dio sus talentos. El ambiente artístico es un lugar duro donde vivir su fe cristiana, y los peligros son grandes, pero hacerlo exitosamente traerá ricas recompensas y frutos duraderos.

Gini Andrews, una aclamada concertista de piano y autora, escribe de la gran necesidad de que los cristianos se destaquen en todos los campos artísticos, y hace sonar un desafío para que desarrollen sus dones:

"Todas las disciplinas -la música, la pintura, la escultura, el teatro, la escritura- están necesitadas de pioneros que busquen una forma de ejecutar propia del siglo XX; que muestren con una obra de calidad que hay una respuesta a lo absurdo de la vida, a la amenaza de aniquilamiento, a la mecanización del hombre -el mensaje que es proclamado fuerte y claro por el artista no cristiano. . . .

"Si hemos de presentar el mensaje de Dios a las personas desilusionadas y frenéticas del siglo XX, exigirá su creatividad expresada de formas especiales. Espero que algunos de ustedes en los campos creativos se vean desafiados por la condición de todopoderoso del Dios-Creador y pasarán largas hora con Él, diciendo, como Jacob: 'No te dejaré, si no me bendices, hasta que me muestres cómo hablar de tu maravilla a la mente contemporánea'".{11}

He aquí expresado el desafío y oportunidad sin precedentes ante el cuerpo de Cristo hoy. Que Dios nos permita aprovecharlo.

Notas

  1. William Bridgewater, ed. The Columbia-Viking Desk Encyclopedia, Vol. I (New York: Viking Press, 1953), p. 16.  Volver
  2. John I. Sewall, A History of Western Art. (New York: Henry Holt & Co., 1953), p.1.  Volver
  3. Richard S. Taylor, A Return to Christian Culture. (Minneapolis, Dimension Books, 1975), p. 12.  Volver
  4. Marcel Proust. Maximus.  Volver
  5. Sewall, Ibid.  Volver
  6. Francis Schaeffer, Art & the Bible. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1976), p. 15.  Volver
  7. Ibid., p. 34.  Volver
  8. John Calvin. Institutes of the Christian Religion, Vol. 1. (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Company, 1957), p. 236.  Volver
  9. Chad Walsh. "The Literary Stature of C. S. Lewis," Christianity Today, June 8, 1979) p. 22.  Volver
  10. Taylor, p. 33.  Volver
  11. Gini Andrews, Your Half of the Apple (Grand Rapids, MI:, Zondervan, 1972) pp. 64-65.  Volver
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Traducción: Alejandro Field


Acerca del Autor

James F. Williams es el fundador y ex presidente de Probe Ministries International y actualmente sirve como Ministro Itinerante. Tiene títulos de Southern Methodist University (B.A.) y Dallas Theological Seminary (Th.M.). También ha seguido estudios doctorales interdisciplinarios (a.b.d.) en humanidades en University of Texas at Dallas.

Durante los últimos treinta y cinco años ha visitado, dado conferencias y aconsejado en más de 180 universidades en los Estados Unidos, Canadá, Europa y la antigua Unión Soviética.

También ha servido en las facultades de Institutos de Estudios Bíblicos de Norteamérica, Latinoamérica y Europa.

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