Las escrituras y la tradición en la iglesia primitiva

Rick Wade


Introducción: Los evangélicos y la tradición

Históricamente, los protestantes evangélicos han considerado que la Biblia es la fuente final para la fe y la práctica. La tradición eclesiástica no juega ningún papel, o juega un papel menor, en nuestras vidas, más allá de la celebración de ciertas fiestas. En este artículo, quiero considerar un contexto donde la tradición fue muy importante en la iglesia. Me refiero a la relación entre la tradición en la iglesia primitiva y las Escrituras. En este estudio, haré referencia a menudo al libro Retrieving the Tradition and Renewing Evangelicalism{1}, de Daniel Williams, un ministro bautista ordenado que enseña patrística en Loyola University.

La mayoría de nosotros no nos damos cuenta de que la tradición jugó un papel importante en el establecimiento de nuestra fe. Tendemos a ver al Nuevo Testamento y su desarrollo como separados de la vida de la iglesia primitiva. De hecho, si hay una mala palabra en la historia de la iglesia para los evangélicos, es la palabra "tradición". Pensamos en la tradición como algo que el hombre produce por su cuenta. Dado que lo que produce el hombre está contaminado, queremos mantenerlo separado de las Escrituras. No pensamos en las Escrituras -específicamente el Nuevo Testamento- como una forma escrita de la tradición.

Sin embargo, debemos señalar que no toda tradición es mala. Lo que los apóstoles aprendieron de Jesús, lo transmitieron a otros oralmente, y lo que transmitieron lo llamaron "tradición". Por lo tanto, la proclamación del evangelio comenzó como tradición oral. Recuerde las palabras de Pablo a los tesalonicenses: "Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros" (2 Tesalonicenses 3:6; ver también 2:15. La Biblia de Jerusalén traduce "enseñanza" como "tradición"). Los apóstoles enseñaron a personas que enseñaron a otras personas, y esta tradición tenía autoridad para la iglesia. Mientras la tradición se transmitía oralmente, también fue puesta por escrito por los apóstoles y enviada a toda la iglesia. Al recibir las diversas iglesias locales estos escritos los sopesaron contra lo que se les había enseñado oralmente. Hubo muchos escritos circulando en ese tiempo, algunos de los cuales llevaban falsamente los nombres de los apóstoles. La principal prueba de autenticidad de estos escritos era si reflejaban con precisión la tradición apostólica según era enseñada en las iglesias.

Perder el pasado

Si los evangélicos intentan estudiar el pasado, suele ser típicamente por interés histórico exclusivamente, y no pensando aprender de nuestros antepasados. Si bien estamos mejorando en cuando a cruzar fronteras con nuestros contemporáneos en la iglesia, nos olvidamos que la iglesia se extiende también en el pasado. Tendemos a aislar la iglesia en el aquí y ahora.

¿Cómo fue que nos separamos de nuestro pasado?

Individualismo

Primero, somos una iglesia individualista. Una actitud bastante predominante en la iglesia es que "yo, mi Biblia y el Espíritu Santo" es todo lo que necesitamos para entender el cristianismo. En la mayoría de los debates de hoy, ¿cuál es la palabra final? "Bueno, a mí me parece que ..." Está considerado de mala educación o aun arrogancia decir a alguien que está equivocado, especialmente en el área de la religión y la moral. Esta actitud ha penetrado en la iglesia también. Se considera que es descortés y pretencioso decir que lo que alguien ha comprendido de la Biblia está mal, no importa cuán amablemente y amorosamente se dice esto. Pensamos: "¿Por qué necesitamos que otra persona nos diga lo que quiere decir la Biblia?". Hemos dejado que el individualismo modernista se arraigue en nuestras psiquis al punto que creemos que somos, individualmente, los árbitros finales de la verdad.

Sin embargo, algunas de las consecuencias de esta actitud son la desunión en la iglesia y la posibilidad de la intrusión de enseñanzas falsas, al intentar los individuos entender la fe por su cuenta. Si bien no hay duda de que somos responsables individualmente de estar en la Palabra y de tratar de entenderla, aprendemos de un estudio de la historia de la iglesia que es el intérprete solitario de las Escrituras quien puede extraviarse fácilmente. El teólogo Harold O. J. Brown señala que "el estudio solitario, aislado de la comunión de creyentes que buscan la guía del Espíritu Santo y sin ninguna conciencia de la fe de la iglesia a lo largo de las edades, es a menudo la fuente de serios errores".{2} "Los evangélicos deben enfrentarse al hecho de que la Biblia pertenece a la iglesia", dice Robert Webber. "Es la iglesia viva la que recibe, guarda, transmite e interpreta las Escrituras. En consecuencia, el enfoque individualista moderno de la interpretación de las Escrituras debería ceder ante la autoridad de lo que la iglesia siempre ha creído, enseñado y transmitido en la historia".{3} Como señala Daniel Williams: "Los protestantes deben reconsiderar la obra del Espíritu Santo en la historia de la vida de la iglesia en el mismo grado que en la vida del creyente individual. Porque es con la iglesia que se formó el nuevo pacto de Dios".{4} El Espíritu está trabajando para construir el cuerpo de Cristo, y no sólo individuos. Cada uno de nosotros necesita la iglesia.

Antitradicionalismo

Un segundo problema es nuestra actitud antitradicional. Ha habido varias influencias sobre nuestro pensamiento acerca de la tradición. La era del Iluminismo fue muy importante en este sentido. Los filósofos del Iluminismo nos enseñaron a ver el mundo como una colección de hechos científicos, a mirar hacia delante en vez de atrás, a la sabiduría del pasado, y a ver al individuo como la autoridad final de lo que verdadero. El ideal es el individuo que examina los datos crudos de la experiencia sin ningún compromiso de valor previo, con una actitud de descubrir algo nuevo. Lamentablemente, se buscaba el conocimiento a costa de la sabiduría. El pasado tenía poca pertinencia. ¿Qué podrían decirnos quienes vivieron en el pasado que fuera pertinente para hoy?{5} Además, la iglesia había dominado a las personas en el pasado. Ya no debíamos permitir que este tipo de superstición rigiera nuestra vida.

Esta nueva actitud tuvo un efecto en el manejo de las Escrituras. El erudito de la Biblia Christopher Hall escribe: "Los eruditos evangélicos asintieron a la profunda desconfianza de la tradición del Iluminismo, y procedieron a producir una hermenéutica sin tradición. La 'Biblia sola' sobrevivió al ataque del Iluminismo contra la tradición, pero sólo convirtiéndose en un texto atemporal lleno de hechos a ser identificados, analizados y categorizados científicamente".{6} Ahora debíamos interpretar las Escrituras individualmente, a través de un simple estudio de los hechos. "Según señala [el historiador] Nathan Hatch, la Biblia 'se convirtió muy fácilmente ... en un libro que cayó del cielo para que toda clase de hombres la usaran de la forma que quisieran'".{7} No había ninguna necesidad de mirar al pasado para tener ayuda.

En consecuencia, los evangélicos llegaron a creer que simplemente usando su razón, bajo la guía del Espíritu, podían entender la Biblia según la intención para la cual fue escrita. La tradición y la historia de la exégesis ya no importaban. Para algunos, era una señal de triunfo poder decir que uno no era afectado por lo que ninguna persona dijera acerca del significado del texto. ¡Algunos llegaron a creer que una falta de capacitación formal era beneficiosa para entender las Escrituras!{8} Mark Noll considera que esto "orilla la arrogancia, manifestada por un antitradicionalismo extremo, que descartaba despreocupadamente la posibilidad de sabiduría de las generaciones anteriores".{9}

La postura antitradicional del Iluminismo fue fomentada en cierta medida por el pietismo, el movimiento del siglo XIX que alentaba una vuelta a las Escrituras y el ministerio de los laicos. El pietismo sirvió como un correctivo en una iglesia que había entregado la obra del reino a los ministros profesionales. Sin embargo, con todo lo bueno que produjo, su énfasis en el individuo y en su experiencia religiosa alentó un enfoque exclusivo en el aquí y ahora. La iglesia mayor, especialmente la iglesia en el tiempo pasado, no era tan importante.

La tradición de la iglesia libre

Luego de la Reforma, la iglesia protestante se dividió en varias denominaciones o tradiciones. De la rama anabautista creció lo que se denomina la tradición de la iglesia libre. Esto incluye ramificaciones como la iglesia bautista, la iglesia evangélica libre, la iglesia metodista, la iglesia de la santidad, la iglesia pentecostal y la iglesia bíblica. Una creencia central es que "la iglesia no es una institución como resultado de su estructura o ritos externos, sino existe sólo cuando está compuesta voluntariamente por los fieles". Williams sigue explicando: "Hay poca o ninguna atribución sacramental a lugar, objeto o ritual alguno, porque sólo los miembros creyentes de la congregación son santos en virtud del Espíritu Santo que mora en ellos . . . El creyente está libre, por lo tanto, para seguir la fe de acuerdo con su conciencia . . . sin tener más autoridad final que la Biblia y el Espíritu Santo".{10} Por lo tanto, hay un rechazo de la tradición de autoridad de la iglesia.

Con todo lo bueno que produjo esto, también significó que "los concilios, los credos, los grandes teólogos, los apologistas y los filósofos, podían ser todos abandonados ahora". Los protestantes tienden a mirar hacia atrás sólo hasta la Reforma, si es que miran atrás siquiera. Lo que debemos entender, sin embargo, es que los reformadores estaban intentando restaurar el cristianismo apostólico. En sus disputas con los católicos romanos, a veces se referían a los Padres directamente o indirectamente para demostrar que no eran culpables de novedad teológica.{11} Con todos sus esfuerzos por restaurar la iglesia a lo que debía ser, lo que vino detrás de ellos fue una división "en una multitud de versiones encontradas de la fe".{12} Con el tiempo, lo que era común a todos, la tradición de los apóstoles, fue reducido a favor de un énfasis en nuestras diferencias.

Esta forma de mirar solo tan atrás como la Reforma ha producido "una enorme brecha en la conciencia histórica de la iglesia libre".{13} Tenemos poco sentido de continuidad histórica con la iglesia de los primeros días hasta la Reforma. Williams cree que corremos un verdadero peligro de sufrir de amnesia, de perder nuestras raíces, de olvidarnos de quiénes somos. "La formación de una identidad cristiana distintiva en los años venideros no será exitosa a menos que restablezcamos deliberadamente el vínculo con aquellos recursos que nos brindan el 'centro' definidor de la creencia y práctica cristiana".{14}

Constantino

Ocasionalmente, uno encuentra referencias a la idea de la "caída" de la iglesia luego de la conversión del emperador Constantino en el siglo IV. Algunos creen que bajo Constantino la iglesia comenzó su deslizamiento hacia una religión de estado, habiendo sido corrompida por el poder y el dinero. Los intereses de la iglesia y el estado se superpusieron, resultando en la corrupción de la iglesia. Esto arrojó una sombra sobre toda la historia de la iglesia hasta la Reforma. La tradición se considera un elemento de la iglesia corrompida e institucionalizada.{15}

Si bien es cierto que la nueva libertad que experimentó la iglesia bajo Constantino sí tuvo su lado negativo, no se deduce de esto que la iglesia "cayó", como dicen algunos. A lo largo de la historia la iglesia ha cometido errores en sus tratos con la sociedad secular y en saber cómo manejar adecuadamente la libertad y el poder que ha experimentado. Algunos se quejan hoy de que los cristianos se vinculan demasiado estrechamente con partidos políticos, orillando la transigencia al hacerlo. Esto no difiere en nada de lo que ocurría en el tiempo de Constantino. Que la iglesia adquirió un nuevo color cuando se estableció bajo Constantino, nadie lo cuestiona. Pero la idea de que la iglesia se volvió corrupta rápidamente, y que los concilios convocados bajo su reino eran simples peones del emperador es simplista. La iglesia siguió siendo fiel a la tarea de clarificar y transmitir la tradición apostólica. "La fe profesada y practicada en las iglesias primitivas no fue determinada por maquinaciones políticas de emperadores y jerarquías episcopales", dice Williams. "La formulación y construcción esencial de la identidad cristiana fue algo que el siglo cuarto recibió y continuó ampliando mediante la exégesis bíblica y la vida litúrgica, según se refleja en la tradición de los credos".{16}

Piense en lo que salió del período del reinado de Constantino. Dice Williams:

"Estoy afirmando que el período patrístico tardío funcionó como una especie de canon doctrinal según el cual todos los desarrollos subsiguientes de la teología fueron medidos hasta el día de hoy. Los grandes credos del período, el desarrollo de la teología trinitaria y cristológica, la finalización del canon bíblico, las doctrinas relacionadas con el alma y el ser humanos hechos a la imagen de Dios, hasta la caída y la redención, pasando por la justificación por fe, y más, encuentran su primer -y, en muchos casos, perdurable- punto de apoyo en este período. Todos los pasos teológicos dados posteriormente, en confirmación o negación, comenzarán por la senda marcada por los Padres primitivos ... La teología que se desarrolló luego de Constantino no fue un movimiento radicalmente subversivo ante las Escrituras y la fe apostólica. Al contrario, los principales credos y deliberaciones doctrinales fueron una extensión consciente de la Tradición y enseñanza anteriores del Nuevo Testamento mientras intentaba, a la luz de nuevos desafíos, articular una comprensión cristiana de Dios y la salvación".{17}

La razón por la que esto es significativo para nuestro estudio es que hay quienes han permitido que la idea de que la iglesia cayó en la era patrística tardía les haga descartar toda la era. Esto es un error. Hubo cosas buenas y malas bajo el reinado de Constantino. No obstante, la iglesia siguió desarrollándose en su comprensión de la Tradición apostólica. No deberíamos ignorar la iglesia primitiva por fracasos ocasionales.

La tradición y el catolicismo romano

Dado que tan frecuentemente asociamos a la tradición con la iglesia católica, es muy probable que el lector se esté preguntando cómo esta comprensión de la tradición difiere de la enseñada por la iglesia romana. Antes de comenzar nuestra mirada a la tradición, entonces, distingamos lo que estamos diciendo de lo que sostiene la iglesia romana.

En los primeros siglos después de Cristo, se consideraba que la tradición oral y la escrita eran lo mismo. El "canon" era reconocido en ambas formas. Para el siglo IV y V, la tradición y las Escrituras eran distinguidas más cuidadosamente, pero seguían siendo consideradas como de una sola pieza. En el siglo XIV, sin embargo, la tradición se volvió una fuente separada de verdad, cuando se vio que algunas tradiciones no podían ser probadas a partir de la Escrituras.{18} Había ahora, entonces, dos fuentes de revelación -las Escrituras y la Iglesia- en vez de una fuente y dos formas. Lo que quisieron hacer los reformadores no fue enfrentar las Escrituras con la tradición per se y descartar lo último. Ellos querían deshacerse de las tradiciones hechas por hombres y volver a la verdadera tradición apostólica. "Los reformadores del siglo dieciséis eran conocedores de esta distinción, y valoraban altamente la Tradición localizada en los Padres como una forma de interpretar la verdad bíblica . . . La Reforma no se trataba de las Escrituras versus la tradición, sino de reclamar la antigua Tradición contra distorsiones de esa Tradición, o lo que terminó siendo un conflicto entre Tradición y tradiciones".{19} Ellos querían evitar citar a los padres de la iglesia como autoridades para las doctrinas o las prácticas que era incongruentes con las Escrituras. Rechazaban la idea de que la antigua Tradición se había vuelto secundaria ante las tradiciones del catolicismo medieval. La tradición con "t" minúscula había comenzado a interpretar a la Tradición con "T" mayúscula; los reformadores, por tanto, enfatizaron que las Escrituras ofrecían verdadera Tradición apostólica para argumentar contra el reclamo de autoridad de Roma.

En tanto que algunas ramas de la Reforma retuvieron algunas de las viejas tradiciones, otras no lo hicieron. Los primeros quisieron estar seguros de que las Escrituras no se oponían a ellas; los segundos querían saber si una tradición o creencia era realmente enseñada en las Escrituras. Las tradiciones ideadas por el hombre debían dejarse de lado. Este es el enfoque predominante asumido por la tradición de la iglesia libre.

Lamentablemente, el énfasis en las Escrituras, junto con una desconfianza de las tradiciones en general, obraron en conjunto para producir una actitud antitradicional que fue innecesaria, y que ha separado a gran parte del pasado de la iglesia de los cristianos de hoy.

Tradición apostólica

Tradición y tradicionalismo

La palabra griega que se traduce como tradición (paradosis) "significa una transmisión de una parte a otra, un intercambio de algún tipo, sugiriendo sujetos vivos". Involucra la idea de recibir y transmitir. Williams señala que la tradición "no es algo muerto heredado, sino algo vivo entregado".{20} Es tanto un sustantivo como un verbo, y significa "lo que es entregado" como también "el proceso de entregarlo".

Note también que la tradición no es necesariamente algo viejo. Como escribe un estudioso: "El uso bíblico del término tradición no tiene nada que ver con lo viejo o con que una práctica o creencias sean consagrados por el tiempo. Una tradición, en el sentido estricto de la palabra, se convierte en tradición el momento en que es entregado".{21}

Este tipo de tradición no debe ser confundido con el "tradicionalismo", que se refiere a la fe en la tradición per se. El historiador Jaroslav Pelikan contrasta a ambos de esta forma: "La tradición es la fe viva de los muertos. El tradicionalismo es la fe muerta de los vivos".{22}

A menudo pensamos en las tradiciones como prácticas, como decorar una iglesia de cierta forma en ciertas épocas, o realizar los cultos de ciertas formas. Pero las tradiciones pueden ser enseñanzas, creencias transmitidas de una persona a otra. Pablo se refería a sus enseñanzas como tradiciones. Él exhorta a los tesalonicences: "Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros" (2 Tesalonicenses 3:6. La Biblia de Jerusalén traduce "tradición" en vez de "enseñanza"). La tarea de Pablo era transmitir lo que se le había enseñado a quienes, a su vez, lo podrían transmitir. Esta idea está expresada claramente en su carta a Timoteo, donde dice: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2).

Alguien podría objetar y señalar que Jesús habla sólo negativamente acerca de la tradición: "Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres" (Marcos 7:8). Pero note: Jesús está reprendiendo a los fariseos, no por aferrarse a la tradiciones per se, sino por permitir que las tradiciones de los hombres distorsionen las cosas de Dios.

Tradición apostólica

Las tradiciones que Pablo transmitió incluían tres partes: la parte kerigmática, que era la enseñanza central de Cristo (ej: 1 Corintios 15); la parte eclesiástica, que trataba con cuestiones de práctica en la iglesia (ej: 1 Corintios 11); y la parte ética, que enseñaba a las personas a vivir vidas rectas (ej: 2 Tesalonicenses 3:6). En conjunto, todo esto se denominaba simplemente Tradición (Williams y otros ponen la palabra en mayúscula para distinguirla de las tradiciones individuales de las iglesias que suelen caracterizarlas.{23}). "La Tradición indica la enseñanza y la predicación central de la iglesia primitiva que nos fue legada, los fundamentales de lo que es pensar y creer cristianamente".{24}

La Tradición, entonces, era la sustancia del mensaje del evangelio transmitida de una persona a la siguiente. "La tradición era una expresión de la predicación apostólica original", dice Daniel Williams. No era una "fuente extracanónica de revelación . . . sino un resumen del contenido esencial de la fe de la que dan testimonio las Escrituras, el Antiguo y el Nuevo Testamento".{25}

La Tradición apostólica se transmitía a través de "profesiones bautismales, fórmulas en forma de credo e himnos. Este tipo de vehículos eran las principales formas mediante las cuales la enseñanza y la espiritualidad cristiana eran transmitidas a los creyentes".{26} La Tradición era transmitida también a la iglesia en los escritos que constituyen nuestro Nuevo Testamento. Estos, por supuesto, no fueron una ocurrencia tardía, sino que brindaban una fuente fija de verdad para el pueblo de Dios y terminaron siendo la autoridad última de la iglesia.

La Regla de Fe

El núcleo doctrinal de la Tradición llegó a conocerse como la Regla de Fe. Esto era el "resumen de los principales puntos de la enseñanza cristiana". Se refería a "la predicación apostólica que servía como norma de la fe cristiana".{27} "Aquellos elementos de lo que la iglesia creía (fides quae creditur), una especial de 'cristianismo básico'", dice Williams, "se descubren en la regula fidei o Regla de Fe".{28} La Regla era reconocida ampliamente para la última mitad del segundo siglo, y reconocida universalmente a principios del tercer siglo.{29}

Si bien no había ninguna forma fija de la Regla de Fe, lo que lo diferencia de los credos, "el mensaje esencial", dice Everett Ferguson, "estaba fijado por los hechos del evangelio y la estructura de la fe cristiana en un Dios, la recepción de la salvación en Cristo y la experiencia del Espíritu Santo; pero cada maestro tenía su propia forma de afirmar o elaborar estos puntos".{30}

Esta es tal vez la expresión más completa de la Regla, que se encuentra en los escritos de Tertuliano.

"Ahora bien, con relación a esta regla de fe -para que podamos indicar, a partir de este conocimiento, qué es lo que defendemos-, ustedes deben saber que es lo que prescribe la creencia de que hay un solo Dios, y que Él no es otro que el Creador del mundo, quien produjo todas las cosas desde la nada a través de su propia Palabra, enviada primeramente; que esta Palabra se llama su Hijo y, bajo el nombre de Dios, fue visto 'de diversas formas' por los patriarcas, oído en todos los tiempos por los profetas, y finalmente descendió por el Espíritu y Poder del Padre en la Virgen María, fue hecho carne en su vientre y, habiendo nacido de ella, salió como Jesucristo; de ahí en más predicó la nueva ley y la nueva promesa del reino del cielo, realizó milagros; habiendo sido crucificado, resucitó al tercer día, (luego) habiendo ascendido al cielo, se sentó a la diestra del Padre; envió en su lugar al Poder del Espíritu Santo para guiar a quienes creen; vendrá con gloria para llevar a los santos al disfrute de la vida eterna y de las promesas celestiales, y para condenar a los malos al fuego eterno, luego de que ocurra la resurrección de estas dos clases, junto con la restauración de su carne. Esta regla, según será probado, fue enseñada por Cristo, y no plantea entre nosotros ninguna otra pregunta más que las que introducen las herejías, y que hacen los herejes".{31}

La Regla de Fe servía varias funciones importantes. Brindaba un resumen de la fe para nuevos conversos que se preparaban para el bautismo.{32} Era usada también para contrarrestar las herejías como la de los marcionitas y los gnósticos. El concepto que tenía Marción del a doctrina de la gracia de Pablo le impedía aceptar al Dios del Antiguo Testamento como el Padre de Jesús. Este rechazo se reflejó en su tratamiento del Nuevo Testamento. Él sólo aceptaba los escritos de Lucas y Pablo, y aun alteró a estos para que encajaran con sus creencias. Marción creía que sólo se salvarían quienes aceptaran las enseñanzas de él. Las creencias gnósticas, que debían ser contestadas, eran que Jesús no había venido en la carne, o que Cristo había simplemente tomado prestado el cuerpo humano de Jesús en la encarnación. La salvación se obtenía mediante el logro de cierto conocimiento secreto. La Regla era usada en respuesta a dichas creencias. Permaneció como una tradición oral conocida contra las tradiciones secretas de los gnósticos.

Dado que aun estos opositores del cristianismo apostólico apelaban a la Biblia en busca de apoyo, se apeló a la Regla de Fe para la interpretación correcta de las Escrituras auténticas. Dice William DiPuccio:

"La Regla servía como un canon dentro de un canon, permitiendo a los Padres aseverar la interpretación correcta de la Biblia en temas fundamentales de la fe, y también como patrón para medir la canonicidad de un escrito en particular . . . La Regla era considerada, entonces, como la lente o referencia a través de la cual se interpretaban las Escrituras. Clemente de Alejandría hace esta distinción cuando declara que el primer principio de su sistema son las Escrituras según son interpretadas correctamente a través de la Regla de Fe de la iglesia.{33}

Como canon de interpretación, servía como "plomada de la verdad". Sin dicha plomada, "la exégesis escritural quedaba a la discreción del intérprete o escuela de interpretación individuales".{34}

Las Escrituras, la Tradición y la Iglesia

En la iglesia evangélica, las Escrituras y la tradición suelen ser enfrentadas entre sí. Pero en la iglesia primitiva ambas funcionaban juntas como dos formas del mismo mensaje. Como dice un escritor: "No es cuestión de si las Escrituras o la tradición tenían la primacía, ni siquiera una cuestión de las Escrituras y la tradición; es, más bien, propiamente una cuestión de tradición escritural".{35}

Al principio, era la Tradición oral o las enseñanzas de los apóstoles las que tenían autoridad en las iglesias, porque era eso lo que recibieron las personas. A medida que estuvieron disponibles los escritos de los apóstoles, fueron aceptados como autoridad porque fueron reconocidos como un reflejo de la Regla de Fe.{36} En la iglesia primitiva, las Escrituras y la Regla nunca fueron enfrentadas; enseñaban lo mismo.{37} Estos tres -las Escrituras, la Tradición y la iglesia- eran considerados una fuente colectiva para la verdad de Cristo. La Biblia debía ser interpretada por la iglesia de acuerdo con la Tradición.{38} "Dividir las Escrituras de la Tradición o de la iglesia", dice Williams, "crea una distinción artificial que habría sido completamente extraña para las primeras generaciones de cristianos".{39}

Es importante notar, también, que la Tradición nunca fue puesta por encima de las Escrituras.{40} Ambas trabajaban en conjunto. "La Regla, entonces, es coextensiva con la Biblia, pero no está por sobre ella", dice William DiPuccio. "Brinda la óptica que necesitamos para enfocar la Biblia".{41}

Uno podría preguntar, sin embargo, por qué la Regla misma no fue aceptada como autoridad en la iglesia primitiva. ¿No estaría la tradición oral misma sujeta, por su naturaleza, a la contaminación? Lo que la garantizaba era la sucesión apostólica. "Dejando de lado alteraciones y/o distorsiones posteriores de esta idea", dice DiPuccio, "el concepto original de la sucesión apostólica (que incluía a los diáconos o presbíteros así como los obispos) no era tanto una sucesión de ordenación, como una sucesión de la fe y verdad vivas, según se encuentran encarnadas éstas en las Escrituras y la antigua Regla de Fe".{42} Everett Ferguson nos da el pensamiento de Ireneo al respecto:

"Una persona podía ir a las iglesias fundadas por los apóstoles . . . y determinar qué se enseñaba en esas iglesias por la sucesión de maestros desde los días de los apóstoles. En otras palabras, los apóstoles enseñaban a quienes ordenaban para conducir las iglesias, y luego estos transmitían a otros lo que se les había enseñado. La constancia de esta enseñanza estaba garantizada por su naturaleza pública; un cambio podría haber sido detectado, porque esta enseñanza era abierta. La exactitud de la enseñanza en cada iglesia era confirmada por su concordancia con lo que se enseñaba en otras iglesias. Se había enseñado una única fe en todas las iglesias desde el tiempo de los apóstoles".{43}

Importancia de la Tradición para hoy

¿Tiene alguna importancia esto más allá de la información histórica? ¿Debería la Regla de Fe tener algún significado para nosotros hoy? Creo que sí. Primero, nos abre a las enseñanzas de los padres de la iglesia, brindando un recurso maravilloso para comprender nuestra fe. Una vez que reconocemos que la iglesia no cayó tan abruptamente en la era patrística y después, podemos mirar a la iglesia de los primeros tiempos en busca de comprensión e inspiración.

Segundo, al considerar el mensaje central enseñado en la iglesia primitiva podemos recordar las verdades centrales del cristianismo, que nos darán una base para evaluar las enseñanzas doctrinales hoy. Pablo advirtió a Timoteo acerca de la destrucción causada por las enseñanzas falsas, y lo alentó a recordar su enseñanza: "persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido" (2 Timoteo 3:14). Lo que el profesor Christopher Hall dice tiene sentido: "La proximidad hermenéutica e histórica de los padres a la iglesia del Nuevo Testamento y su tradición apostólica exige que escuchemos atentamente a sus perspectivas exegéticas, sus consejos y sus intuiciones".{44}

Tercero, al ver lo que es más importante podemos trabajar para corregir la desunión en la iglesia. Piense en lo que separa a los cristianos en Estados Unidos. En este momento el estilo de adoración es un tema importante. Las ideas acerca de los últimos tiempos y las formas de bautismo son dos temas divisivos más. Cuando pensamos en nuestras diferencias, sin embargo, ¿nos detenemos a pensar en nuestras similitudes? ¿Sabemos siquiera lo que las personas de otras tradiciones cristianas creen? No deberíamos minimizar las importantes diferencias entre las iglesias. Pero, al mantener trazadas nuestras líneas tan cuidadosamente, ¿no estamos deshonrando a nuestro Señor que oró pidiendo unidad entre su pueblo (Juan 17:20-23)? Tal vez una mirada retrospectiva nos recordará lo que es más importante y aquello alrededor de lo cual podemos unirnos. Podemos comenzar a derribar los muros construidos por nuestras diferencias sobre cuestiones que no son tan claras o que no son tan importantes como las verdades centrales. Sin tomarnos de la Tradición que fluye de los apóstoles hacia y a través de la iglesia primitiva, Williams cree que veremos un aumento de sectarismo "caracterizado por un ahistoricismo y un subjetivismo espiritual", y estaremos más susceptibles a acomodarnos al mundo.{45}

Cuarto, podemos ser reconectados con la iglesia del pasado. Simplemente saber acerca de la historia de la iglesia nos da una sensación de ser parte de algo grande; algo que se extiende más allá del mundo que vemos. Nos saca de nuestro provincialismo, lo cual expande nuestra comprensión de Dios y de sus caminos con su iglesia.

Finalmente, veremos aun más claramente cuán realista es nuestra fe. Podemos ver cómo se movió con el ir y venir de la vida real a medida que las personas comunes (como usted o yo) hicieron lo que mejor podían entre circunstancias difíciles para entender y vivir la fe.

Conclusión

Al reabrir el pasado de la iglesia encontraremos un depósito de conocimiento y sabiduría que puede sernos muy útil hoy. Al aprender acerca de la iglesia primitiva y los padres de la iglesia, uno se verá alentado y desafiado a la vez. Ambos son importantes para una fe vital.

Hay varios recursos disponibles para quienes están interesados en conocer la mente de los que nos han precedido. Retrieving the Tradition, de Daniel Williams, Reading the Scripture With the Church Fathers, de Christopher Hall, o Ancient-Future Faith: Rethinking Evangelicalism for a Postmodern World, de Robert Webber {46} son lugares excelentes donde comenzar.

Notas

  1. D. H. Williams, Retrieving the Tradition, and Renewing Evangelicalism: A Primer for Suspicious Protestants (Grand Rapids: Eerdmans, 1999).
  2. Harold O.J. Brown, "Proclamation and Preservation: The Necessity and Temptations of Church Tradition" in James S. Cutsinger, ed. Reclaiming the Great Tradition: Evangelicals, Catholics and Orthodox in Dialogue (Downers Grove: InterVarsity Press, 1997), 80.
  3. Robert E. Webber, Common Roots: A Call to Evangelical Maturity (Grand Rapids: Zondervan, 1978), 128. Ver también Harold O.J. Brown, "Proclamation and Preservation," 80.
  4. Williams, 18.
  5. Cf. Christopher A. Hall, Reading Scripture With the Church Fathers (Downers Grove: InterVarsity Press, 1998), 24.
  6. Hall, 25.
  7. Nathan O. Hatch, The Democratization of American Christianity (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1989), citado en Hall, 25.
  8. Hall, 25-26. Cf. Williams, 22.
  9. Mark Noll, The Scandal of the Evangelical Mind (Grand Rapids: Eerdmans, 1994), 127, citado en Hall, 26.
  10. Williams, 2-3.
  11. Williams, chap. 6, 173ff.
  12. A. J. Conyers, "Protestant Principle, Catholic Substance," First Things 67 (November 1996): 17, citado en Williams, 15.
  13. Williams, 5.
  14. Williams, 13.
  15. Williams trata esto extensamente en Retrieving the Tradition, especialmente en pp. 101-131.
  16. Williams, 130.
  17. Williams, 139.
  18. Walter Elwell, ed., Evangelical Dictionary of Theology (Grand Rapids: Baker, 1984), s.v. "Tradition" by J. Van Engen. Ver también Dewey Beegle, Scripture, Tradition and Infallibility (Grand Rapids: Eerdmans, 1973), 96.
  19. Williams, 175.
  20. Williams, 35.
  21. Father Andrew, "A Response to Harold O.J. Brown" en Cutsinger, ed. Reclaiming the Great Tradition, 201, n. 2.
  22. Jaroslav Pelikan, The Christian Tradition: A History of the Development of Doctrine, vol. 1, "The Emergence of the Catholic Tradition" (100-600), (Chicago: University of Chicago, 1971), 9.
  23. Williams, 36.
  24. Williams, 6.
  25. Williams, 97.
  26. Williams, 68-69.
  27. Everett Ferguson, ed, Encyclopedia of Christianity ( New York: Garland Publishing Co., 1999), s.v. "Rule of Faith," by Ferguson, 1003.
  28. Williams, 92.
  29. William DiPuccio, (1995). "Hermeneutics, Exegesis, and the Rule of Faith: An Ancient Key to a Modern Question," Premise II (9), 5ff. http://capo.org/premise/95/oct/p950905.html.
  30. Ferguson, "Rule of Faith," 1004.
  31. Tertullian, "The Prescription Against Heretics" Chap. 13, The Ante-Nicene Fathers Vol. 3, 448-449, The AGES Digital Library Collections.
  32. Ferguson, "Rule," 1004.
  33. DiPuccio. Ver también Williams, 97-98.
  34. Williams, 99.
  35. Everett Ferguson, ed, Encyclopedia of Christianity (New York: Garland Publishing Co., 1999), s.v. "Tradition," by Donald F. Winslow, 908, citado en DiPuccio. Uno puede ver la unidad orgánica de la tradición oral y escrita al notar que ambas eran denominadas "canon"; primero la Tradición y luego las Escrituras. Cf. R.P.C. Hanson, Tradition in the Early Church (Philadelphia: Westminster Press, 1962), 78-79, and F. F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, Ill.: 1988), 77.
  36. Williams, 45.
  37. "Tertuliano dice claramente que la Regla es idéntica a la Escritura en contenido, si bien no en forma". DiPuccio.
  38. Williams, 97-98. Ver también DiPuccio.
  39. Williams, 14.
  40. Williams, 96-97.
  41. DiPuccio.
  42. DiPuccio.
  43. DiPuccio.
  44. Hall, 196.
  45. Williams, 14.
  46. Grand Rapids: Baker, 1999. Esto es una nueva versión de su Common Roots anterior citado arriba.

© 2004 Probe Ministries. Todos los derechos reservados.

Traducción: Alejandro Field


Acerca del autor

Rick Wade se graduó de Moody Bible Institute con un B.A. en Comunicaciones (radiodifusión) en 1986. Se graduó con honores en 1990 de Trinity Evangelical Divinity School con un M.A. en Pensamiento Cristiano (teología/filosofía), donde sus estudios culminaron en una tesis sobre la apologética de Carl F. H. Henry. Rick y su familia viven en Rowlett, Texas. Si usted tiene algún comentario o pregunta sobre este artículo, envíelo por favor a espanol@probe.org. Por favor indique a qué artículo se está refiriendo.

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