El fiasco de "El sepulcro olvidado de Jesús"
¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?

Dr. Fernando D. Saraví
Razones para Creer - Argentina


Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección?

1 Corintios 15:12

En años recientes, parece que se ha puesto de moda en este mundo globalizado lanzar cada tanto algún osado desafío a las creencias más básicas del cristianismo. Vino Dan Brown con las pamplinas de El Código Da Vinci y vendió millones de ejemplares (aunque la película fue un rotundo fracaso). Luego la cadena National Geographic presentó en 2006 el manuscrito titulado El evangelio de Judas con gran pompa, como si un documento tardío escrito por un grupo sectario bastase para poner en entredicho los documentos del Nuevo Testamento. El último contendiente en este extraño concurso es un "documental" del Discovery Channel que presenta casi como un hecho demostrado que los huesos de Jesús de Nazaret fueron a dar a una caja (osario) en la tumba de su familia.

El "documental" titulado en inglés Jesus' Lost Tomb fue emitido el 4 de marzo pasado. Está anunciado en español, con el título El sepulcro olvidado de Jesús en el Discovery Channel para el domingo 18 de marzo a las 20. Sus principales responsables son el periodista israelí-canadiense Simcha Jacobovici, el escritor Charles Pellegrino y el cineasta James Cameron (Titanic) quien fue el productor ejecutivo. Jacobovici y Pellegrino publicaron semanas antes un libro, prologado por Cameron, con el título The Jesus Family Tomb ("La tumba de la familia de Jesús"). Esta obra fue subtitulada "El descubrimiento, la investigación y la evidencia que podrían cambiar la historia". Cabe preguntarse cómo y por qué podría producir tal cambio.

Algo de historia

En tiempos de Jesús, los pobres se sepultaban directamente en la tierra, sin ataúd. Los más pudientes se construían tumbas cavadas en la roca blanda, donde se depositaban los cadáveres amortajados en nichos. Como las tumbas tenían capacidad limitada, luego de un tiempo prudencial los huesos de los difuntos eran colocados en cajas de piedra caliza llamados osarios. Los osarios se depositaban en pequeños túneles dentro de la tumba, con lo cual los nichos quedaban libres para colocar allí otros cadáveres. Algunas tumbas llegaron a contener decenas de osarios.

Según los Evangelios, luego de su muerte en la cruz Jesús de Nazaret fue sepultado en una de estas tumbas que estaba cercana al sitio de ejecución, al norte de Jerusalén. Esto ocurrió en la tarde de un viernes. La tumba era nueva. Pertenecía a José de Arimatea y se cerraba con una gran piedra circular. Cuando algunas discípulas de Jesús concurrieron al sepulcro en la mañana del domingo, la tumba estaba abierta y vacía. Pensaron inicialmente que alguien había robado el cuerpo, pero luego ellas, los Apóstoles y cientos de discípulos pudieron ver a Jesucristo resucitado. El resto es historia, verdadera historia.

La "tumba de Jesús y familia"

El libro y la película de Jacobovici y colaboradores se presentan como una investigación objetiva centrada en una tumba que se halló en 1980 en Talpiot, algunos kilómetros al sur de la ciudad vieja de Jerusalén. En la tumba se hallaron diez osarios, y según los arqueólogos israelíes que exploraron el sitio, seis de ellos tenían las siguiente inscripciones: "Mariamene quien es (también llamada) Mara" (Mara es una forma breve de Marta), "Judas, hijo de Jesús", "Mateo", "Jesús, hijo de José", "José" y "María". Los nombres, de los más comunes de la época, no llamaron la atención de los que catalogaron los osarios. En 1996 un documental de la BBC sugirió que esa podía ser la verdadera tumba de Jesús de Nazaret, pero la hipótesis fue unánimemente desestimada por los expertos. ¿Qué aportaron de nuevo Jacobovici y colaboradores que amerite reabrir la cuestión? Principalmente una hipótesis principal absurda y varias hipótesis secundarias igualmente descabelladas.

La "nueva" trama

Eclesiastés dice que "no hay nada nuevo bajo el sol". La trama está tejida con destreza, pero con materiales de pésima calidad, y en su mayoría reciclados. Los autores retoman la idea de El Código Da Vinci que Jesús desposó a María Magdalena y que ambos tuvieron un hijo. Según ellos, este hijo es el "Judas, hijo de Jesús" de Talpiot, y los restos del matrimonio y su vástago habrían sido depositados en la tumba familiar. Los demás osarios contendrían restos de otros parientes cercanos de Jesús. Obviamente, los autores también emplean el rumor, inventado por los mismos líderes judíos que condenaron a Jesús, de que los discípulos de él se habían robado el cuerpo para sepultarlo en otro lado.

La evidencia proporcionada

Jacobovici y colaboradores lanzan numerosas insinuaciones y especulaciones indemostrables. De todo lo que dicen, las únicas cosas que podrían pasar por evidencia son las siguientes:

Evidencia A. El osario que supuestamente dice "Jesús, hijo de José". Sólo los incrédulos y adversarios llamaban a Jesús el "hijo de José". Sus seguidores nunca lo llamaron así. Como los dos nombres eran muy comunes en la época, es posible que haya muchos otros osarios con una inscripción similar, sin relación con Jesús de Nazaret. Uno de ellos, hallado en 1926, está en el catálogo oficial israelí. Por otra parte, es dudoso que la familia de Jesús pudiese pagar una tumba así. Aun si hubiera tenido un sepulcro familiar, lo natural sería que estuviera en Nazaret, 120 kilómetros al norte de Jerusalén. Además, varios expertos dudan que la inscripción realmente diga "Jesús". La primera parte de la inscripción es clara, pero la última no. En todo caso, nada indica que el "Jesús" de Talpiot tenga relación alguna con Jesucristo.

Evidencia B. El osario que supuestamente dice en griego "Mariamene quien es (también llamada) Mara". Jacobovici y colaboradores interpretan la inscripción como "Mariamne llamada Maestro". Toman mara como un título en arameo = Señor o Maestro (¡masculino!) - como en la expresión cristiana maranatha (1 Corintios 16:22). Especularon que la única que podría ser llamada así es María Magdalena (Mariamne es una forma del nombre Mariam = María) y creyeron hallar apoyo en los Hechos de Felipe, un libro apócrifo del siglo IV donde hay una Mariamne que algunos eruditos identifican con María Magdalena. Aunque esto fuera cierto, no probaría que la Magdalena era llamada así en la Palestina del siglo I. Pero además, un examen cuidadoso de la inscripción muestra que en realidad dice "Mariame y Mara" (Mariame kai Mara), escrito por dos manos diferentes. Esto indica que el osario contuvo los huesos de dos mujeres. Primero los de una Mariame, a la que luego se agregaron los de una Mara o Marta. No hay conexión concebible con María Magdalena.

Evidencia C. El osario que dice "Judas, hijo de Jesús". Si el osario de la "Prueba A" de veras dice "Jesús" sería natural suponer que este es el padre de ese Judas. Los autores del libro y del documental plantean aquí hipótesis sin ningún fundamento. Por ejemplo, que un Judas hijo de Jesús de Nazaret fuera el que se menciona en los Evangelios como su hermano (Mateo 13: 55; Marcos 6:3), y el "discípulo amado" (Juan 13:23). Interpretan las palabras de Cristo desde la cruz "¡Mujer, he ahí tu hijo!" y "¡He ahí tu madre!" (Juan 19: 26-27) como dichas respectivamente a María Magdalena y al hijo de ambos, Judas. Para esto sugieren que el Evangelio habla en clave y no dice lo que quiere decir. Además no explican el final del párrafo, donde dice que desde entonces el discípulo recibió a la madre de Jesús en su propia casa. Otra hipótesis que plantean es que el Apóstol Tomás, llamado Dídimo, era en realidad Judas el hijo de Jesús. Es cierto que Tomás y Dídimo son sobrenombres que significan "gemelo" en arameo y griego respectivamente. Pero al Gemelo nunca se lo llama de otro modo en el Nuevo Testamento, y Juan 14:22 indica que solamente había dos Judas entre los Apóstoles, que, según las listas conservadas eran Judas el de Jacobo y Judas Iscariote (Mateo 10: 2-4; Marcos 3:16-19; Lucas 6:14-16; Hechos 1:13). Lo rebuscado de estas hipótesis delata lo tenue del argumento. Además muestra un uso irresponsable de las Escrituras, que se emplean como fuentes confiables en algunos casos y dudosas en otros.

Evidencia D. El osario "desaparecido". Según Jacobovici y colaboradores, en la tumba de Talpiot había un osario que desapareció. Ellos sostienen que este sería el osario con la inscripción "Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús" cuya aparición en poder de un traficante de antigüedades causó gran revuelo en 2002. Esta "evidencia" tiene tres problemas, cualquiera de ellos fatales por sí mismo. El primero es que si bien el osario de "Jacobo" es un genuino osario antiguo, un grupo de especialistas oficialmente designado al efecto dictaminó que la inscripción era fraguada. El propietario del osario se encuentra actualmente procesado por fraude. El segundo es que quienes catalogaron los osarios de Talpiot coinciden en declarar que el osario no tenía inscripciones y que nunca desapareció. El tercero es que el osario de "Jacobo" es 10 cm más corto que el osario de Talpiot supuestamente desaparecido.

Evidencia E. La estadística. Los autores del libro y del "documental" obtuvieron la colaboración de un especialista en estadística, que concluyó que existía una probabilidad de 1 en 600 de que no fuera la tumba de la familia de Jesús. Esta es una probabilidad bajísima. El problema es que ningún cálculo estadístico posible con los datos existentes podría jamás llegar a semejante conclusión. Lo que en todo caso podría afirmarse es que la probabilidad de encontrar esa precisa combinación de nombres en una tumba de la región es de 1 en 600, lo que es muy diferente (e inútil para convalidar la hipótesis). Simplemente no existe una base de datos adecuada para estimar las probabilidades de que sea la tumba de una familia determinada. Los nombres hallados en la tumba se encuentran entre los más comunes de la época, por lo cual no es nada extraordinario hallarlos juntos en una misma tumba que tiene un porcentaje de osarios con inscripciones mayor que el promedio. Esta es la razón por la cual los profesionales, tanto arqueólogos como estadísticos, rechaza como inválida la supuesta evidencia estadística.

Evidencia F. El análisis de ADN. Los autores del libro y el documental obtuvieron restos biológicos, presuntamente humanos, de sólo dos de los osarios: el de "Jesús" y el de "Mariame y Mara" (pensando que se trataba de una sola persona, María Magdalena). Como no se posee ADN de la familia de Jesús, nunca se podría demostrar ni refutar que los restos hallados eran de él. De todos modos, no se pudo recuperar ADN nuclear (que compone el genoma humano) sino sólo ADN mitocondrial. En este contexto, el análisis de ADN mitocondrial sólo permite verificar si dos personas están emparentadas por línea materna (madre e hijo o hija, hermanos de la misma madre, etc.). El ADN mitocondrial indicó que los restos del Jesús de Talpiot y de la o las mujeres del otro osario no estaban emparentados por línea materna. La conclusión de Jacobovici y colaboradores fue que la única explicación es que fueran marido y mujer. Pero obviamente no es la única explicación. Por ejemplo, las mujeres podrían ser esposa e hija de otros de los varones allí sepultados, o podrían ser medio hermanas de "Jesús" por parte de padre. Hubiera sido más interesante ver, ante todo, si Mariame o Mara eran la madre del "Judas, hijo de Jesús". ¡El ADN mitocondrial jamás puede probar un matrimonio! Además, como la tumba se empleó por varias generaciones, es posible que el "Jesús" de Talpiot ni siquiera haya conocido a Mariame y Mara.

Evidencia G. La suciedad adherida a los osarios. Los objetos presentes en las tumbas se recubren a lo largo de los años de una capa adherente llamada pátina. La composición química de esta pátina puede ser analizada. Según Jacobovici y colaboradores, esto permitiría determinar una "huella digital" química. Dos osarios que provengan de la misma tumba tendrán la misma pátina. Como podía anticiparse, dos osarios de Talpiot generaban una señal química virtualmente idéntica, y osarios procedentes de otras localizaciones daban señales diferentes. En cambio, el osario de "Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús" daba una señal muy parecida (no idéntica) a la de los osarios de Talpiot. Pero no demostraron lo esencial, es decir que de veras el método puede identificar inequívocamente la tumba precisa de origen de un osario sólo por su pátina. A juzgar por los resultados el método no funciona, pues como vimos antes, el osario de "Jacobo" no es el décimo osario de Talpiot, y no hay razón para pensar que estuvo jamás en esa tumba.

Conclusiones

Lo que distingue una genuina investigación es el manejo responsable de la evidencia, que se valora cuidadosamente, con especial atención a las posibles explicaciones alternativas. Por ejemplo, si algunos textos bíblicos admiten más de una interpretación, el investigador debe justificar por qué admite una explicación y descarta otra. En el libro y el programa televisivo sobre el presunto "sepulcro de Jesús" no ocurre nada de esto.

Los autores tienen una hipótesis y solamente presentan los datos que supuestamente la apoyan. Recurren a datos bíblicos que consideran favorables y descartan otros, sin ninguna justificación racional. Presentan fragmentos de evidencia arqueológica sin justipreciar su valor. Reemplazan el pensamiento crítico con conjeturas e insinuaciones. La Real Academia Española define un documental como una película o un programa televisivo que "representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad". El programa sobre el "sepulcro de Jesús", que no informa ni instruye, manifiestamente carece de lo que define un auténtico documental. La certeza de la resurrección corporal de Jesucristo es la mejor explicación disponible del surgimiento y expansión de la Iglesia en los primeros siglos. No fue sólo la tumba vacía, sino la aparición de Cristo resucitado primero a María Magdalena y otras discípulas, luego a los Apóstoles, a sus propios hermanos y a cientos de otros (1 Corintios 15: 1-12). Nada menos que el Señor resucitado pudo transformar un hato de galileos desmoralizados, desorientados y abrumados, en una fuerza pacífica tan poderosa que creció descomunalmente en los primeros siglos a pesar de encarnizadas persecuciones. Los discípulos de Jesús dieron gustosos sus vidas por su Señor porque tenían la certeza que él había vencido a la muerte.

Para un tratamiento más completo de este tema, con numerosas referencias, puede verse el artículo del mismo autor: El "sepulcro olvidado" de Jesús. Ambos artículos puede citarse y reproducirse libremente si se menciona la fuente - Razones para Creer, Argentina.


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